Con 31 años, Néstor Daneri tiene su vida establecida en Serodino, una pareja y una historia que contar, particularmente en este 28 de junio. Desde temprana edad asumió su condición de gay, fue aceptado por su familia y aseguró: «Uno siempre tiene que hacer lo que quiera siempre y cuando no joda a otro».
En el día de la celebración del Orgullo LGBTIQ+ en pos de la igualdad, dignidad y respeto por la diversidad sexual, el joven de Serodino, quien es empleado comunal desde 2019, dialogó con Info Más. Su niñez, los sufrimientos de la adolescencia hasta un presente en el cual asegura ser feliz.
La fecha parte del Stonewall Inne, lugar que fue la sede de un levantamiento que hace 52 años cambió la historia. Una redada policial, alguien que, por primera vez, en lugar de bajar la cabeza pegó un grito e instigó a los demás a reaccionar.
Luego, lo impensado: una revuelta, la voluntad de no dejarse avasallar y tres noches que cambiaron la historia. El lugar que se dedicaba a lo clandestino se convirtió en el centro de una revolución, en un monumento del Orgullo LGTBIQ+.
En el caso de Néstor, contó que lo asumió desde temprana edad, lo cual no hizo más fácil su pasar. «En lo personal me costó horrores, la adolescencia es más complicado. A mi familia se lo fui diciendo de a uno, la primera fue mi mamá, igual las madres intuyen», comenzó relatando.
El apoyo de cada uno de los miembros de su familia fue vital. «Lo tomaron muy bien, en especial mis hermanos». En contrapartida, la discriminación también estuvo a la orden del día. «En la secundaria me sentí muy discriminado pero aún así logré terminar mis estudios. Pero no todo fue feo, tengo amigos aún desde esa época. Hay de todo, personas que te aceptan y otras que no, por el mismo motivo», reflejó.
En relación a su núcleo más íntimo, rememoró el día que se lo contó a su madre, quien falleció hace algunos años atrás: «El momento fue algo raro. Me tiraba mucho ver vestidos de alta costura. Amaba los vestidos de novia y de 15 y en ese momento le dije: ‘Me gustaría usar un vestido así’, y mi mamá me dijo: ‘Pero es para chicas’ y le respondí: ‘A mi me gustan los chicos’. Y bueno, lo demás se fue dando».
A sus 16 años comenzó a salir a «boliches de ambiente», siendo Gótica el primero, en la ciudad de Rosario. «Tengo varias amistades. Yo llegaba a la plaza Sarmiento 10 de la noche y me reunía con chicos que tenia la misma historia que yo», sostuvo. Entre ellos, la historia más cruel, la de un joven que acabó con su vida ante la falta de aceptación familiar y de su pueblo. «Uno sufre horrores», destacó.
Por su parte, en la actualidad, remarcó un cambio sociocultural global. «Hubo un cambio total en todos los aspectos, en este más todavía. Aún así en el siglo XXI sigue habiendo cabezas cerradas. Uno siempre tiene que hacer lo que quiera y anhela siempre y cuando no joda a otro y eso es lo que yo hago y lo que hago con mi pareja», expuso.
En relación a su amor, está en pareja hace cuatro años con Pupi, oriundo de Estación Irigoyen, quien realizó el cambio de domicilio y también es empleado comunal. Se conocieron a través de una aplicación y ahora, transitan la vida de la mano. Si bien no está en los planes tener hijos, disfrutan de sus mascotas y contó: «Decidimos conocernos y planificamos disfrutar de la vida y viajar».
Este 28 de junio, relató que marca un antes y un después para la comunidad. «Yo me siento muy feliz cuando alguien me acepta sin ningún tipo de prejuicio, de insulto, ni insinuación, eso me hace sentir bien y útil. El día de hoy es un día importante», manifestó.
Por último, desde su lugar, tras su sufrimiento y un presente renovado, dejó un mensaje para quienes aún no se aceptan tal cual son o no lo expresan frente al miedo del qué dirán. «El amor es amor. Hay que hacer lo que uno siente y quiere sin joder a nadie porque la vida es una sola y hay que disfrutarla. Yo soy feliz por como soy y si muero hoy, muero feliz porque morí amado y amando», concluyó. A fin de cuentas, nadie tiene que justificarse por quererse.
