Ana Carolina busca su identidad: una historia que después de 45 años vuelve a Maciel

Hace más de dos décadas que Ana Carolina Alzugaray busca saber quiénes fueron sus padres biológicos y cómo llegó a los brazos de la familia macielense que la crió. Su historia tiene puntos en común con las de Romina y Paola y forma parte de una investigación judicial en Rosario que involucra a la partera, Olga Artale. Ahora pide especialmente la ayuda de los vecinos de Maciel, donde ubica una parte clave de su historia.

En Rosario, las investigaciones sobre apropiación y supresión de identidad de bebés volvieron a poner bajo la lupa historias que durante décadas permanecieron ocultas. El caso de la partera Dolly Viale de Garrido, vinculada al hospital Roque Sáenz Peña, fue uno de los episodios que permitió conocer la existencia de otras historias y presuntas redes que involucraban la entrega irregular y apropiación de bebés. Una de ellas, la de Andrea, una vecina de San Genaro. 

En el caso de Ana, su historia comenzó en 1981 y tiene un punto de partida que, con el paso de los años, volvió a cobrar importancia: Maciel. Allí vivían sus padres de crianza, José Alzugaray y Clorinda Ceresole, y allí, según reconstruyó Ana a partir de los relatos familiares y de la documentación que pudo reunir, se produjo parte del entramado que terminó con su llegada a esa familia.

Ana siempre supo que sus padres eran «del corazón». Lo supo desde chica y durante muchos años pudo naturalizarlo. Fue en la adolescencia, con las preguntas propias de esa etapa, cuando comenzó a preguntarse de dónde venía y cómo había llegado hasta ellos.

Pero esa búsqueda nunca significó cuestionar el vínculo con quienes la criaron. Ella asegura que no lo vivió de esa manera. Habla de José y Clorinda con emoción y cariño y destaca el amor y el cuidado con el que fue criada. Lo que quería saber era otra cosa: cómo había llegado a sus brazos.

Una historia que comenzó en Maciel

Según el relato que Ana pudo reconstruir, sus padres de crianza buscaban adoptar un hijo. En ese contexto apareció Susana Artale, una mujer vinculada a la familia y oriunda de Maciel, quien habría actuado como intermediaria.

Susana tenía una hermana, Olga Artale, a quien Ana identifica como la partera que posteriormente firmó su partida de nacimiento.

De acuerdo con el relato familiar que Ana recibió, después de un tiempo Susana habría comunicado que había nacido una niña cuya familia quería entregar. Sus padres fueron entonces convocados a una vivienda de barrio Parque, en Rosario, donde recibieron a la beba.

Ana recuerda que le contaron que cuando fue entregada estaba desnuda y pesaba alrededor de 1,6 kilo. Después fue llevada a Maciel. Allí fue inscripta como hija biológica de José Alzugaray y Clorinda Ceresole. La partida de nacimiento está fechada el 11 de junio de 1981 y lleva la firma de Olga Artale de Silva.

Con el tiempo, las preguntas fueron creciendo.  José, el padre de crianza de Ana, intentó conocer más sobre el origen de su hija. En una oportunidad se comunicó con Olga para preguntar quiénes eran los padres biológicos. Según contó Ana, aquella conversación terminó abruptamente.

Décadas después, Ana continuó buscando respuestas. Recorrió oficinas, consultó registros y recurrió a distintas vías para intentar reconstruir su identidad. También se sometió a estudios genéticos. Su perfil no apareció en la base de datos nacional de Abuelas de Plaza de Mayo, aunque mantiene la esperanza de que futuras actualizaciones de esos registros puedan aportar alguna coincidencia.

La investigación incluso implicó la exhumación de los cuerpos de sus padres de crianza para poder realizar nuevas pruebas de ADN. Ese procedimiento demoró durante varios meses la presentación de su denuncia.

Tres historias y una misma búsqueda

La historia de Ana se cruza con las de Romina y Paola, quienes también comenzaron a investigar sus propios orígenes y encontraron elementos que las llevaron hasta la misma investigación.

Los tres casos llegaron a la Justicia Federal de Rosario. Luego de declaraciones de familiares, amigos y de las propias mujeres, además de estudios de ADN y otras pruebas incorporadas al expediente, el Juzgado Federal Nº 3 de Rosario procesó el 3 de agosto de 2026 a Olga Concepción Artale de Silva por hechos vinculados con la alteración y supresión de identidad.

Para Ana, el proceso judicial permitió poner en común historias que durante décadas permanecieron separadas.  Y también reforzó una sospecha que ella sostiene desde hace años. “Si alguien ve en su partida el nombre de Olga Artale de Silva u Olga A. de Silva y duda de su identidad, pueden contactarnos”, contaron las tres mujeres en diálogo con La Capital.

«Esta búsqueda tiene que ver con un derecho humano»

Ana quiere dejar algo en claro: su búsqueda no nace de una falta de amor hacia la familia que la crió. «Yo fui criada con muchísimo amor y cuidado», remarcó en diálogo con Info Mas. Pero inmediatamente después explicó por qué decidió continuar hasta las últimas consecuencias con la búsqueda de su identidad.

«Esta búsqueda tiene que ver con la vulneración de un derecho humano por parte de esta gente», sostuvo. Y agregó que, al tratarse de varios casos, su interpretación es que no se trató simplemente de situaciones aisladas de adopción.

«Fueron varios casos. No fueron adopciones sino una red de venta de bebés», afirmó Ana. Esta última expresión forma parte de su planteo sobre lo ocurrido y se encuentra vinculada a la investigación judicial que continúa su curso.

El pedido de Ana a los vecinos de Maciel

Ahora, mientras la causa avanza, Ana vuelve la mirada hacia Maciel.  Considera que en el pueblo pueden existir personas que tengan información capaz de ayudar a reconstruir lo ocurrido hace 45 años. Por eso pide que quienes recuerden a Susana Artale u Olga Artale, o tengan documentación vinculada con ellas, se acerquen.

«Es importante pedir información que se tenga en el pueblo de estas dos mujeres, Susana y Olga, y que quienes tengan sus partidas firmadas por ella nos contacten. O cualquier información que los vecinos del pueblo puedan aportar a la causa», pidió Ana.

El pedido tiene un objetivo concreto: encontrar nuevas piezas que permitan reconstruir la historia que comenzó en 1981 y que todavía no tiene su capítulo final.

Ana sabe quiénes la criaron. Sabe dónde creció. Sabe que fue recibida con amor por José y Clorinda. Lo que todavía busca es saber quiénes fueron las personas que le dieron la vida y qué ocurrió exactamente antes de que llegara a los brazos de quienes serían sus padres durante toda su infancia.

 

Salir de la versión móvil