Todo fue caos en la camioneta que trasladaba a los internos de la cárcel de Coronda, donde los mismos simularon un incendio y cuando sus custodios intentaron hacer algo, fueron reducidos. Allí los 13 presidiarios tuvieron una oportunidad única de huir, pero cuatro no lo hicieron y se quedaron en la camioneta.
Una de esas historias es la de Rafael Echavarría, quien está preso desde hace once años y tiene una pena de prisión perpetua, es decir, va a pasar toda su vida o gran parte de ella tras las rejas, sin embargo, no escapó.
Desde el Servicio Penitenciario aseguran que siempre su conducta fue «ejemplar», a pesar de estar en prisión por un aberrante hecho, que incluyó el asesinato de su propia abuela.
Según los archivos policiales del diario La Capital de Rosario, en un principio la Policía de la provincia lo ubicó como víctima. De oficio albañil, oriundo de la zona de El Ombú, parecía ser el único sobreviviente del incendio en una casilla de calle Estados Unidos al 3.100 en el que murieron su abuela y otros dos familiares. Poco después la investigación lo señaló como quien inició las llamas. Los encerró y los prendió fuego.
Fue en el entierro de las víctimas: su abuela Remigia Miranda, de 64 años, la pareja de ella, Vicente Martínez, de 60, y la hija de la mujer, Luisa Rodríguez, de 41. Otros familiares comenzaron a señalarlo. Parecía evidente. Había cuatro personas en la casa, tres estaban muertas y él no tenía ni un rasguño. Una tía haría saber que el día anterior al incendio Echavarría y Martínez habían discutido durante una reunión por una botella de vino.
Hacía solo un mes que Echavarría vivía ahí, había salido hacía dos años de la cárcel tras cumplir una condena por robo calificado. Un vecino terminó de complicarlo: dijo que diez minutos antes del incendio Remigia fue a pedirle ayuda porque su nieto acababa de apuñalar a Vicente. Llegó a ver al hombre ensangrentado en el piso y a Luisa, quien sufría una discapacidad mental, intentando ayudarle. Volvió a su casa y al regresar encontró la vivienda en llamas.
«Mi abuela está adentro de la casa y se me está quemando», le dijo Echavarría a uno de los primeros vecinos que llegaron al lugar. La puerta estaba cerrada por fuera con candado. Se instaló la versión de un cortocircuito, del accidente fatal, pero no duró mucho. El juez de sentencia José María Casas consideró en el juicio que Echavarría había sido autor de un triple homicidio calificado, cometido para ocultar otro delito. En 2008 lo condenó a reclusión perpetua.
Los otros tres presos que se quedaron fueron Marcelo Gabriel Villarroel, condenado por robo, lesiones y homicidio agravado -atenuado este por circunstancias extraordinarias y quien podría obtener la libertad condicional en 2024-, Mariano Francisco Sosa, preso por lesiones graves y Carlos Albino Cabaña, por tentativa de robo.
Por el momento, de los nueve que huyeron sólo fueron recapturados tres, por lo que la policía de toda la región se encuentra abocada a dar con estos seis reclusos que se esfumaron en medio de una escena cinematográfica.
Fuente: Infobae
