El 27 de marzo de 2020 no fue un día más para la región pero sobre todo para Ismael «Cachi» Amado y Marcela Saita, los primeros vecinos de Andino y la zona en ser diagnosticados con Coronavirus luego de regresar de un viaje por el sur del país. Mientras su mujer fue asintomática, el hombre tuvo diversos síntomas y afirmó: «Mentiría si dijera que no tuve miedo»
A poco más de un año, «Cachi» dio detalles a Info Más sobre los momentos que le tocó atravesar junto a su esposa y aseguró: «Esto es algo que queda grabado, no creo que me vaya a olvidar. Yo la zafé pero no la pase bien. Si ahora no se sabe mucho en ese momento había mucha más incertidumbre. Yo ni sospechaba que podía tener Covid».
Todo comenzó con un soñado viaje a la Patagonia que la pareja con esfuerzo fue pagando poco a poco hasta que llegó el día de partir. Un avión los dejó en Ushuaia y desde allí, realizarían el recorrido en colectivo por uno de los mayores puntos turísticos del país. Sin embargo sostuvo: «Estuvimos tres días en Ushuaia y cuando llegamos al Calafate se cerraron todos los parques nacionales y ahí terminó el viaje para nosotros».
El regreso en un primer momento estaba pactado para el 24 de marzo pero se adelantó para el 19. «La coordinadora nos dijo que nuestro colectivo ya venia marcado por una excursión que hicimos en un catamarán compartido con extranjeros y alguien de ahí había dado positivo. Nosotros no sabíamos si teníamos Covid ni quien tenía pero vinimos derecho a hacer la cuarentena estricta», remarcó.
Al llegar a Rosario, el hermano de Cachi dejó el auto a disposición, su hermana una caja con mercadería y a las 8 de la mañana ya estaban en Andino. Si bien en un primer momento pensaban estar en su vivienda por dos semanas, todo cambió cuando aparecieron los síntomas. «Llegamos un jueves, estuve bien, un poco cansado por el viaje porque fueron tres días que nadie nos dejaba entrar a ningún lado, no podíamos comprar. El viernes 20 que el presidente dio la cuarentena empecé a sentir frío, pero hacían 20º, también empecé con diarrea y fiebre».
«Pasé una noche muy mala. Nuestros primeros llamados al 0800 fueron fallidos y nos comunicamos con una persona del Hospital de Baigorria. Al otro día, que yo estaba bastante mal, me llamó diciendo que había averiguado que la diarrea pasaba a ser un síntoma y el lunes me llamaron del Ministerio de Salud preguntándome por los síntomas», agregó.
Si bien hacían hincapié en problemas respiratorios, Cachi nunca los tuvo. «Tuve todos menos eso», contó. Para el lunes siguiente, ya había perdido el gusto y el olfato aunque en ese momento aún no estaba relacionado con el Covid. «Me dolía el cuerpo, la cabeza, pero buscaban otra explicación. También tuve ardor al orinar», manifestó.
HISOPADO POSITIVO:
El día jueves 26 de mayo ambos fueron hisopados, Marcela por ser contacto estrecho, y al día siguiente, conocieron el resultado positivo. Desde ese momento, el miedo estuvo latente a una situación en particular. «Yo pensaba cuando no iba a poder respirar, cuando me iba a ahogar, la incertidumbre mía era saber si me iba a agarrar a la madrugada, si los médicos iban a poder llegar, si me iba poder comunicar porque renegamos mucho por el tema de la señal. Si digo que no sentí miedo estoy mintiendo. El dolor de cuerpo no es una gripecita como dicen, cuando tenés tantos síntomas juntos da miedo», expuso.
«En más de una oportunidad cuando me levantaba al baño me tapaba la nariz y contaba hasta 30 y como llegaba con la respiración me sentía bien y me volvía a costar. Mi señora no maneja, el auto ya se había quedado sin batería por estar mucho tiempo parado, se podía transformar en algo trágico porque no teníamos como salir si pasaba algo», recordó.
Marcela e Ismael estuvieron 43 días atravesando la cuarentena hasta que cerca del 24 de abril el teléfono sonó. Desde el Ministerio de Salud le dieron el alta. Sin embargo, Cachi pidió que sea por escrito, para poder contar con algo lo cual presentar ante cualquier inconveniente. Ese mail que determinó el alta médica llegó el 3 de abril.
AGRADECIMIENTOS:
Desde sus vecinos, al personal de salud, policía y hasta el presidente comunal, la pareja se mostró agradecida con todos ellos. «Los médicos del SAMCo de Andino se portaron muy bien, así como algunas personas del pueblo se portaron mal, otros se portaron diez puntos. La enfermera Valeria y David nos llamaban siempre para saber como estábamos, mañana y tarde», sostuvo.
«Algunas personas empezaron a decir que nosotros salíamos, que hacíamos mandados, y en ningún momento nosotros salimos», remarcó y agregó: «Cabe resaltar la puesta a disposición del presidente comunal José Abraham, cuando se enteró se comunicó con nosotros y se llegó hasta nuestro domicilio, tuvo mucha predisposición y nos dio su número de teléfono personal para que lo llamáramos a él».
En relación a sus vecinos, recordó los mandados que realizaban diariamente Gustavo y Mirna, quienes viven enfrente, y también Florencia y Oscar, que habitan en la esquina. «Tenemos que agradecer a mucha gente, ellos nos dejaban las cosas en la puerta de casa. Otras personas nos pusieron en cadena de oración y agrademos mucho. Amigos de Andino, Rosario y de otras partes llamaban por teléfono, todos estaban a nuestra disposición».
Además, reflejó que su mayor temor era el de contagiar a alguien. «Por suerte eso no pasó, los otros casos aparecieron mucho después. Nosotros no queríamos perjudicar a nadie y por suerte no lo hicimos», contó.
El post-covid:
El síntoma que más persistió en el vecino de Andino fue la falta de olfato, la cual hoy, a un año, no logró recuperar por completo. «Hará unos dos meses que lo recuperé, me faltará un 15 por ciento. Hace seis meses atrás, por ejemplo, mi esposa sentía una garrafa perdiendo gas a 10 metros y yo tenia que acercarme mucho. Ahora ya percibo más los olores, eso fue uno de los más marcados».
Además, nota un mayor cansancio, sobre todos los días de calor. «Uno normalmente nota un cansancio, pero yo lo siento el doble, la enfermedad te lleva a eso. Yo estuve una semana que más allá de la fuerza de voluntad a veces no me podía levantar», rememoró.
«Todos los dolores se van, el de cuerpo, la fiebre, la diarrea, se va retirando todo. Yo en 10 días estaba totalmente normal salvo la pérdida de olfato. Marcela gracias a Dios no tuvo ningún síntoma. Si los dos hubiésemos estado como yo no se que hubiese pasado, ella solo tuvo una molestia estomacal y nada más».
EL MENSAJE Y LA ESPERADA VACUNA:
Ismael Miguel Amado de 60 años, aún se encuentra a la espera de la vacuna, la cual aguarda con ansías, mientras que Marcela Saita, de 54, fue vacunada en el SAMCo de Pueblo Andino con la primera dosis por ser auxiliar escolar.
«Yo le puedo decir a la gente que se cuide, que no es una gripecita, yo lo pude contar pero hay gente intubada que la pasó muy mal y 50 mil personas que se nos fueron. Esto no es joda. El barbijo y la distancia es fundamental», reflejó.
En especial, solicitó que los jóvenes cuiden a sus papás y abuelos. «No se van a dar cuenta cuando se contagiaron. Para mi está en el aire, cuando alguien toce o estornuda, pero si el lavado con alcohol nos viene bien sigámoslo haciendo».
Por último, resaltó la importancia de las vacunas y pidió por ellas. «Que lleguen las dosis y nos podemos vacunar todos, eso es lo único que nos va a salvar. Esto va lerdo pero ojalá se vaya rápido y podamos hacer una vida bastante normal», concluyó.















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