Una mujer oriunda de la ciudad de San Genaro comenzó a averiguar a través de internet para poder realizar un curso de fotografía. Una de las llamadas le resultó sospechosa ante la insistencia de los datos de la tarjeta de crédito, por lo cual, hizo público lo ocurrido.
Luciana contó que algunos lugares piden nombre, apellido, mail o teléfono para pasar la información. «De esa forma me llamaron varios, me explicaron, me dieron el costo y quedaba en confirmar, pero una llamada se me hizo sospechosa», indicó.
Más allá de los datos básicos, comenzaron a consultar los de su tarjeta de crédito. «En un momento me dicen ‘¿tenés tu tarjeta a mano? sólo es para que me digas la fecha de vencimiento. Le dije que no. Me dice búscala tranquila. Me hice la que la buscaba y le di otra fecha».
Más allá ello, la conversación siguió: «Todo el tiempo me llamaba por mi nombre, hasta me preguntó si tenía segundo nombre. Le pregunté para qué y me dijo para el certificado. Obviamente le di otro nombre. También me preguntó el DNI y le di otro número. Quería saber hasta donde llegaban porque las preguntas eran muy raras para mi».
«Después me dijo que necesitaba los 16 números de la tarjeta para un compromiso de pago y le dije que yo solo estoy averiguando, nunca le confirmé que iba a hacer con ellos el curso y me dice ¿por qué? Y seguía insistiendo. Le dije que no podía darle los datos por las estafas. Mientras estaba la llamada activa me mandan un WhatsApp con un link pero le dije que no lo podía abrir. Entonces me piden si tenía otro teléfono cerca», explicó.
Ante ello, le pidieron el de su marido y el mail. En este último caso accedió, debido a que ya se lo había pasado anteriormente. Allí llegó un mensaje a través del cual le pedían el número de la tarjeta y todos los datos. Mientras seguían insistiendo, la mujer le dijo que cualquier cosa volvería a llamar a lo cual le dijeron que no iba a poder porque estaba hablando al número de una computadora. «Al final corté la comunicación», manifestó.
Sin embargo, desde ese día, no para de recibir llamadas de diferentes números. «El curso salía 30 mil pesos, era el más caro de todos los que había averiguado. Ya no se puede confiar en nada ni en nadie», lamentó con el objetivo de advertir a otros para no brindar datos de las tarjetas de crédito.
