Hace 34 años, la región quedó marcada para siempre por la peor tragedia vial y ferroviaria de su historia. Un tren del Ferrocarril General Mitre que viajaba desde Tucumán embistió un Ford Taunus en el que se trasladaba una categoría completa de fútbol infantil rumbo a una práctica en Andino.
El impacto provocó la muerte de Juan Carlos Lembo, profesor y conductor del vehículo, junto a diez niños que compartían la pasión por el fútbol y los viajes semanales para entrenar.
Las víctimas fueron Luciano y Fernando Niz, César Ojeda, Sergio y Daniel Sosa, Juan José Filacho, Luis Inveninato, Damián Mulé, Alfredo Wujkiw —quien había sido invitado ese día— y Pablo Lembo, hijo del conductor, que falleció tiempo después tras permanecer internado a causa de las heridas sufridas en el accidente. El dolor atravesó a toda la comunidad y dejó una herida imposible de borrar.
Con el paso de los años, familiares y allegados sostienen que la tragedia pudo haberse evitado. En el cruce ferroviario donde ocurrió el siniestro no existían barreras de seguridad, una ausencia que para muchos fue determinante y que convirtió a la desidia en uno de los factores más señalados detrás del desastre. Hoy, en ese lugar, un monolito reconstruido recuerda los nombres de las once víctimas y mantiene viva la memoria de aquella tarde trágica.
A más de dos décadas del hecho, el reclamo sigue intacto. Los familiares continúan exigiendo medidas de seguridad ferroviaria y la colocación de barreras en el cruce, una deuda pendiente que permanece sin resolverse y que simboliza la lucha para que una tragedia semejante nunca vuelva a repetirse en la región.













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