Juan tiene 63 años y es vecino de Totoras. Durante 46 años trabajó en la empresa láctea Verónica, hasta que la paralización de la firma lo dejó sin empleo y sin ingresos. Hoy le faltan apenas dos años para jubilarse y hace siete meses no cobra su sueldo, una situación que lo empujó a buscar alternativas urgentes para subsistir, como vender tortas asadas en la ruta.
La angustia se refleja en sus propias palabras. “Estoy a dos años de jubilarme. Nunca imaginé pasar una cosa así, es desesperante. Siento angustia, impotencia, bronca», dijo en diálogo con Info Más mientras de fondo pasaban camiones en la ruta, los principales compradores de lo que se transformó en «su rebusque».
Juan viste aún la ropa de Verónica, como no queriendo soltar esa segunda casa que le permitió realizarse en la vida y ser sostén de su familia. «Se nos atrasan los impuestos, siempre estuve al día y hoy estoy enterrado. Ya no sabemos de donde sacar plata”, expresó Juan, visiblemente afectado por una realidad que golpea no solo su economía sino también su estabilidad emocional.
Sobre el futuro de la empresa, el trabajador manifestó su desconcierto ante la falta de definiciones. “Llovieron compradores pero los dueños (la familia Espiñeira) no quieren venderla. No se que piensan hacer. Tienen tambos propios pero se llevan la leche a otras fábricas”, señaló, marcando la incertidumbre que atraviesan decenas de familias que dependen directa o indirectamente de la actividad de la planta.
Ante la falta de respuestas y sin ingresos formales, Juan decidió reinventarse. Desde esta semana, junto a su esposa, comenzó a vender tortas asadas a los camioneros que transitan la zona, como única fuente de sustento mientras espera una solución que no llega.
“Estamos en el cruce de rutas 34 y 91. Hace 10 días empezamos a hacer tortas asadas rellenas y las vendemos con mi señora en la ruta. Cada uno se la rebusca como puede, pero hay gente con problemas de salud y ni siquiera nos hacen los aportes para la obra social, es una verguenza, no tienen corazón”, relató.
Su historia y su relato reflejan el impacto social de la crisis laboral y la lucha cotidiana de quienes, a pesar de todo, buscan salir adelante en una localidad como Totoras, a la cuál el cierre de Verónica le genera un daño económico que aún no dimensiona.












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